domingo, 5 de febrero de 2012

INTERIORES

1. AGENDA
 
Existir solamente en memoria de pocos,
no dejar con mi nombre monumentos ni lápidas,
que mi ausencia no cause alegría ni pena,
haber sido feliz en algunos momentos.
 
No dejar en herencia ni una sola moneda,
haber dado a mis hijos cuanto amor supe darles,
conocer mucha gente, tener pocos amigos,
admirar y no ser admirado por nadie.
Olvidar para siempre favores que hice,
no tener en memoria gratitudes que debo,
poseer pocas cosas: libros, cama, trabajo,
no tener deuda alguna, que no me deban nada.
 
Transcurrir silencioso en tormentas sonoras,
no ser protagonista de ningún gran suceso,
sonreír en momentos en que nadie sonríe,
dolerme por dolores que no fuesen los míos.
 
Comportarme de acuerdo con las cosas que dije,
asumir mis errores con la cabeza alta,
actuar muchas veces sin buscar nada a cambio,
diluirme a menudo, como el humo y el fuego.
 
Haber sólo alcanzado pequeñas victorias,
haber sólo sufrido pequeñas derrotas,
no querer ser eterno, aspirar a una muerte
solitaria y discreta, como el aire y la luz.
 
Haberme arrepentido de muchas decisiones,
no haberme avergonzado de nada que yo hiciera,
no sentir ambiciones de lujo ni derroche,
conocer lo que ignoro, reconocer mis límites.
 
Recorrer el camino sin buscar horizontes,
no rendirme al cansancio cuando es fácil rendirse,
no tomar los senderos que, a menudo, nacieran,
preferir los atajos casi siempre olvidados.
 
Conocer el amor, y, a ratos, la alegría,
tristezas y esperanzas, cada cosa a su tiempo,
escribir un poema quebradizo y prosaico,
repasar estos versos, que poco o nada añaden.



2. NICOTINA

Recuerdo que, hace tiempo, una densa
humareda nos acompañaba.
Fumábamos
en un ritual reciente que hacía irrepetible
cada toba quemada, y, entre bromas y veras,
pasar de boca en boca el último cigarro.

Había quien no fumaba, y había
quien aguantaba el humo por no quedarse a solas,
quien no compraba y fumaba de gorra,
quien compraba rarezas por no andar repartiendo.
Y una chica, de pronto, que te ahumaba la cara,
y un código oculto, y un gesto amable.

Parecía remoto el abismo del tiempo.
Tal vez por eso no nos hacíamos fotos.
Nos sentíamos inmutables,
tan altivos y bellos como dioses romanos,
cuando solamente éramos
indecentemente jóvenes.
Quizá vivir era eso,
intuirnos entre el humo:
Intensamente aspiras vivir intensamente.

Sigo viviendo, es cierto.
Con menos pelo, más kilos y sin humaredas.
O quién sabe. Y qué más da si dejé de fumar.
La adicción no era a la nicotina
sino a vosotros, es decir, nosotros,
tan lejanos y tan frágiles
como los filtros olvidados en los ceniceros,
envueltos en remotas cenizas solitarias.





3. AUTOBIOGRAFÍA

¿Eso es todo? ¿Buscar  
al niño que se esconde
tras la cara que apenas reconoces?

No sentir nostalgia, pero aferrarse
a los sueños de antaño:
un beso, una sonrisa irrepetibles,
una esperanza no desvanecida...

...¿Era esto el futuro?
¿Pisar un manto de nieve y
recrearse en esa huella 
cuyo rastro muere pronto?
Vivir, no perdurar, sino 
haber vivido y elegir 
la compañía en la memoria.
Más que amar, haber amado,
construir en el recuerdo
un refugio duradero,
digno de un hombre cansado.

¿No era esto la libertad,
mirarse a uno mismo y 
no lanzar reproches?...

... Nací aquí.
No viví más allá de lo que abarca mi pensamiento.
No deseo haber vivido, ni morir en otro lugar,
ni conocer otra gente que la que he conocido.
No guardo en la memoria sufrimientos especiales.
Tampoco recuerdo haber sido feliz...

¿No era eso la vida?




4.  ELEGÍA 
    A Mi hermano Alejandro, un año menor que yo, con cuya muerte temprana perdí una parte importante de mí.

Llevábamos entonces pantalones cortos,
amigos naturales corriendo por la calle...
De golpe, sobrevienen esas conversaciones,
las lentas caminatas, las viejas bicicletas,
el primer cigarrillo, la primera mentira.
 
Recuerdo que vivimos algunas cosas juntos,
recuerdo muchas cosas que nunca hice por él.
Detente, pues, ahora. Siempre ha de ser difícil
mecerse lentamente sobre nuestra memoria?

Una imagen bastarda se convierte en cortina:
la verdad es antigua y es mentira el presente,
pero, acaso es tan falso como el último tiempo,
los minutos finales de la trampa impensada...
O quizá es imposible que seamos felices.

Soy el niño de entonces, comiendo un caramelo
que me ofrece su mano, su sonrisa pecosa,
su pelo ensortijado. Y el curso en la piscina,
colonias escolares, los amigos comunes
-los de entonces, que todos llevaban pantalones
cortos, y todos usan flequillo y un reloj
barato, regalado en la primera comunión
y lanzan la peonza- y él entonces sonríe
como ríen los niños, sin sonrisas fingidas,
con sonrisas de foto de añejo blanco y negro,
sonrisa de Domingo de Ramos en la Plaza,
las clases de bandurria, peleas infantiles
de la escuela a la calle. 

Y entonces, sólo entonces,
intuimos que el tiempo nos trae el pantalón largo
y creces, pero luego casi no lo notas,
te vistes de distancias, de sombras y silencios 
y quedamos inermes, y quedamos desnudos
afrentando recuerdos, soledades y  ausencias.




5. LA SEMILLA

Como la tempestad vacía el hondo
mar inverso del cielo y desafía,
con su corazón de melancolía,
la larga soledad, el haz redondo

de luz. Como la noche alcanza el fondo
de fría oscuridad que esconde el día
y lo desvela frágil, lo vacía
gris, sin identidad. Yo mismo escondo

dilatados silencios con un velo,
con un tenso gesto de fortaleza.
Como el dolor crea semilla en celo,

que germina, embellece y se endereza:
Quedan la luz, la memoria y el suelo
y el aire y la esperanza y la tristeza.