sábado, 25 de abril de 2026

PROSERPINA


POEMAS SOBRE EL PUENTE

El pueblo de Martín Muñoz convoca cada año un recital abierto junto a un puente. Los temas propuestos se refieren a la naturaleza. Una buena excusa para reflexionar sobre lo que muere para renacer, como el mito de Proserpina, que, tras abandonar a su suerte en otoño a la teirra (que muere por su ausencia) retorna cada primavera para devolverla a la vida.



 


EL RETORNO DE PROSERPINA

    Tal vez entonces, tal vez hoy mismo,

La vida rebrota fugaz como un sueño.

 

Entre ráfagas de agua

Y de fuego

Se desploma por su peso el abismo líquido

De la cúpula del firmamento.

La vida se abre camino, la lava es semilla

Desbordante en el cauce reseco…

 

Gota

A

Gota,

La madre abre su fecundo seno


Y yo soy el agua que se filtra entre sus llagas,

-Las llagas del cielo y del infierno-

Intrusa en el alma de la acacia

Espinosa del desierto.

Y yo soy un solitario vencejo

Que atraviesa las arcadas

De granizo ceniciento.

 

Yo, yo, que apacigüé volcanes,

Violentaré deshielos

Año tras año,

                        tras año,

                                               tras año,

Con tal de seguir viviendo

Entre las venas y la hierba,

Como lágrimas del suelo,

Como el rocío salado en el mar de tus ojos,

Como el polen que esparce el viento

Entre aguijones alados

Y caparazones de insectos.

 

Y es que la vida es retornar cada primavera,

Vivir,

            revivir,

                        revivir de nuevo.

Bien lo sé:

Para vivir solo es preciso seguir viviendo,

Como los juncos de los humedales,

Sin nombre, sin alma y sin cuerpo…

Porque yo nazco si tú naces

Y tú mueres si yo muero.



LA VOLUNTAD DE LA TIERRA

Queremos que se cumpla la voluntad de la tierra,

que da sus frutos para todos. (F. García Lorca)




Surco a surco

abriré los caminos al horizonte,

bucearé en la tierra buscando un rumbo,

beberé agua salada de tu frente

porque la nueva herida se prolongue.

 

Y, surco a surco, se hinchará mi vientre,

encontraré la fuente de la vida,

explotaré mi estrecha celda oval,

levantaré mis manos amarillas

hacia el aire, hacia la libertad,

hacia el cielo profundo…

 

Surco a surco

se teñirán de granos y de espigas

los vientos, los mares, los oleajes,

el océano seco de Castilla.

Reviviremos pasado y futuro,

embarcados para el último viaje

al horno vivo, al fuego y la semilla,

abrasados, repletos de ceniza.

 

Y el pan, de mano en mano, surco a surco

y tu boca, arropada por el mundo,

entre dientes y labios.

Porque para todos daré mis frutos,

surco a surco.


 

METAMORFOSIS DEL JARDÍN

 

           Pasa el tiempo y acaba pronto la primavera,

Aquel sonido crece y se agitan los ecos

Informes que me ocupan y, sin pudor, se adueñan

De hasta el último poro olvidado de mi cuerpo.

Recuerdo otros rumores más claros en la huerta;

Aún me conmovían, quizá eran otros tiempos

Envueltos entre nubes de trinos y trompetas.

Yo entonces lo escuché, resonaba por dentro.

 

            Después, cuando el verano reseca algunas hojas,

La ausencia y el pasado son ecos que germinan;

Son caminos, refugios con árboles y sombras,

Con voces que saludan y largas despedidas,

Los nombres de la gente que alguna vez nombré,

Los ojos que me vieron -sus bocas, sus sonrisas-,

Las manos que toqué y el olor de su piel…

Su voz y su silueta se hicieron melodía.

 

            Los jardines de otoño tienen otros caprichos,

El estruendo convoca todo lo que perdimos,

Lo que ahora nos falta, lo que sólo es ausencia,

Desear que enmudezcan esas viejas sirenas.

Sus canciones podrían quebrar un corazón,

Rompiendo sus tejidos, veloces como flechas;

Ojalá el corazón no escuchara su voz

Tan peligrosamente, tan demasiado cerca.

 

            Asoman las raíces heladas del invierno,

La sonora memoria que fluye entre la savia.

Inmóvil, como un tronco anclado en el alcorque,

A tantos a quien quise descubro en el concierto.

Estaban esperando, sin hojas, pero firmes:

Soy árbol, soy raíces, soy ramas, soy recuerdos.

A veces son los cuerpos los que habitan el alma,

Porque ella era la música y la música son ellos.





 EL TRILLO




Una vez fui un niño en las eras. 

Era verano.

Junto la casa de los abuelos

había un mar empedrado

y un frágil tablón que navegaba

remolcado por pequeños hipocampos.

 

Yo era un hijo del baby-boom,

un niño de ciudad predestinado

a navegar ese día sobre un trillo,

suelo de madera, vientre de cantos.

 

Cuando faltó la abuela

los veranos en el pueblo terminaron.

Pero ella sigue allí,

trillando,

sonriendo al niño que fui yo

agarrado a su mano,

dibujando una eterna silueta

sobre la eras del verano.

Para vivir solo es preciso seguir viviendo,

Como los juncos de los humedales,

Sin nombre, sin alma y sin cuerpo…

Porque yo nazco si tú naces

Y tú mueres si yo muero.

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