ECLIPSE
En 2026, durante un minuto, pareció que el mundo se hubiera paralizado: un eclipse total de sol fue visible en Segovia. El Ayuntamiento convocó a presenciar el proceso (una hora, aproximadamente) desde el Enlosado de la catedral acompañado de música. Geni, el músico que diseñó y compuso la parte musical, me propuso escribir algún verso que enlazara distintas partes. Le envié tres poemas que intentan asociar la luz con la humanidad con la invitación a que modificara, suprimiera, añadiera o alterase el orden a su gusto. El rpimero se leyó íntegramente, el segundo, en parte y el tercero fue dsescartado.
Solo me cabe recordar que fue un honor hacerlo. Y ahí los dejo.
ECLIPSE I: LA LUZ
No os extrañe si os digo
que yo soy a la vez
el resplandor y el eclipse.
Os conocí el primer día del mundo,
la primera mañana del mundo,
el primer instante en la historia del
mundo.
Vuestro hogar estaba entre huracanes y fluidos,
himnos, tambores, algarabías y plegarias.
Nada más había, porque nada más hay si no
hay luz.
Entonces, vuestros hechiceros, sin
conocerme,
invocaron mi presencia
ignorantes de que serían escuchados.
Yo hice de vuestra tierra un oasis
luminoso
en medio de la oscuridad del universo,
una tierra de aromas, volúmenes, sabores y
canciones
que por fin tenían nombre y forma.
Yo fui el mago que pintó el mundo en tres colores,
el brillante azul del agua,
el amarillento caparazón del trigo
y el rojo sangrante del atardecer celeste.
Vosotros os postrabais ante los discos
remotos,
el anillo de fuego y el tenue círculo de
leche,
que llamabais sol y luna, sin comprender
que eran los dos lados de la misma moneda.
Porque yo soy la luz, la magia de la vida,
la llave oculta de todas la puertas
imaginadas
y son mis dos manos la luna y el sol
cuando se cruzan al alba.
He sentido vuestros espíritus a mi
alrededor.
Me pedís el prodigio imposible: hacerme
eterno.
Sin saberlo, estáis pidiéndome que muera,
porque nada hay eterno sino la muerte.
Vosotros encendéis espadas de fuego para
combatir la noche
confundiendo la oscuridad con el vacío.
Y yo, en días como hoy, me dejo morir un
breve instante,
me diluyo en el cielo y os veo tan
remotos,
tan frágiles, tan aturdidos…
Aun así seguiré flotando entre vosotros
convertido en un sueño, para que sepáis
que el cielo sigue allí esperando los
conjuros que,
a mi inmediato retorno,
harán renacer el color y la esperanza.
Y yo, después, os seguiré protegiendo,
invisible
hasta mi próximo eclipse.
ECLIPSE
II:
oculta por error la
luz durante las horas del día
y un eclipse de sol
eclipsa los corazones.
El miedo a lo
desconocido convive con nosotros.
Nuestros
antepasados, pueblos altivos,
se acurrucaron como
niños abandonados en la cueva
donde rugen los
monstruos de los peores sueños.
Entonces hablaron
los augures de gesto torvo y dijeron
que un jaguar
celeste había clavado sus garras en el sol.
Que el rey sol
había perdido su agua
y desecaría muchos
cuerpos para recobrar su volumen.
Que el cielo lloraría
sobre la tierra
y sus lágrimas
serían piedras afiladas.
Que el pueblo debía
ocultar sus viandas porque,
expuestas a la
oscuridad, se vuelven impuras y ponzoñosas.
Que las mujeres
preñadas que rascaran su vientre
parirían un bebé
con la piel canela podrida.
Que las mujeres
preñadas que mirasen el eclipse
parirían bebés infames,
con el labio leporino.
Que los pueblos
habían de postrarse ante los astros
para evitar que el
sol muriera para siempre…
Eso decían los
augures,
esos hombres
funestos de gesto torvo,
que siempre
anunciaban males
a nuestros
antepasados.
Os dejo ahora mi
mensaje de náufrago superviviente:
Nunca, nunca jamás
creí en los augures.
Nos conocimos el primer día del mundo,
la primera mañana del mundo,
el primer instante en la historia del mundo.
Allí estábamos, postrados ante el fuego,
tú y yo, adorando el dorado disco remoto,
absortos ante el azul del mediodía y el ocaso bermejo,
protegidos de la soledad por un escudo que alguien, una vez,
decidió llamar amor a falta de otra palabra aguda.
ÉL
Recorrimos la ribera, plantamos nuestra tienda
en un oasis llamado Juventud,
un oasis creado por nosotros para nosotros,
una tierra de aromas y verdor cuyos límites desconocíamos.
A veces llegué a temer que éramos dos intrusos
y nuestro hogar estaba en las dunas remotas
desde donde en ocasiones oíamos himnos,
tambores de guerra, clarines confusos.
ELLA
El segundo día ya nos conocíamos desde siempre.
Jugábamos a imaginar tierras áridas.
Y supimos que otras gentes habían abandonado el paraíso
buscando acomodo bajo tejas protectoras.
Algunos confundieron el amor con la tierra conquistada,
plantaban su bandera en la puerta de casa
y exigían vasallaje desde las uñas de los dedos
hasta el último pensamiento inconfesable.
ÉL
El tercer día salimos a conocer el mundo
y, cuando quisimos retornar,
una espada de fuego nos impedía el paso.
Así supimos que, aunque nosotros lo añorásemos,
el Edén no nos necesitaba.
ELLA
Pero mirando la espada de fuego descubrimos
la magia, la llave oculta de la puerta imaginaria.
El paraíso no era un lugar señalado,
porque en cualquier lugar del mundo
el cielo sigue intensamente vivo
y brilla el sol después de cada eclipse
y siguen brillando en su manto estrellas misteriosas.
ÉL
El paraíso no es un lugar, sino todos los lugares,
está en cualquier lugar, en cualquier tiempo
donde tú habites, eternamente joven, como entonces,
como el primer día del mundo, reluciendo en el fuego.