jueves, 29 de abril de 2021

UN CUENTO INACABADO: SEGOVIA COMUNERA

                UN CUENTO INACABADO: SEGOVIA COMUNERA 

Quién destruyó la catedral vieja de Segovia? | Acueducto2


Recientemente se publicó mi novela "Un mal que cien años dure". Como dice su nombre, la acción transcurre durante 100 años, más o menos el tiempo en que tardó en construirse la catedral, destruida la antigua en la reyerta. Hace ahora 500 años de aquella curiosa revolución, tan difícil de clasificar y tan manipulada por unos y otros. En recuerdo de la misma, incorporo aquí el capítulo que relata el momento final de la revuelta en Segovia.

 


1521

 

El palacio, situado en la zona alta del barrio más noble de Segovia, lo habían habitado durante algún tiempo los reyes de Castilla. Recientemente había sido malvendido por la reina Isabel dividido en tres partes, una de las cuales compraron la familia Mercado y Peñalosa. La reina mostró siempre un indisimulado desprecio por cuanto tuviera relación con su difunto hermano Enrique y malvendió sus propiedades, su honor y hasta su historia. Era un palacio extenso y hermoso, lleno de patios con arcos de ladrillo, puertas con adornos arábigos, y escudos reales y nobiliarios en las fachadas de granito.

La poderosa familia Peñalosa había mantenido un discreto silencio durante la revuelta comunera, haciendo gala de templanza y ofreciendo comida a menesterosos que llamaban a su puerta. No esperaban que apareciera el comendador don Rodrigo Peñalosa. El ilustre militar había estado ausente de Segovia un tiempo, realizando tareas secretas para al César en Valencia, pero harto del calor del verano y la humedad de todo el año, había decidido retirarse a descansar en su tierra, donde contaba con un ala del antiguo palacio del rey.

La sorpresa fue mayúscula cuando descubrió que huía del fuego para caer en las brasas. Lo último que esperaba era encontrar la apacible Segovia convertida en un avispero, peor que las germanías de Levante. Él era más propicio a la alta política, las guerras donde se jugaba la grandeza del imperio. Siempre pensó que con él no rezaban estas algaradas intestinas de las comunidades. Pero la sangre hirviente del guerrero fue más poderosa y decidió mostrar su aplomo en la ciudad levantisca.

Llevaba unos días exhibiéndose a caballo con sus escoltas y cumpliendo las órdenes secretas que llegaban de la corte. Había de imponer orden a unos vecinos endurecidos por la costumbre de la violencia y las humillaciones. Fueron días delicados, en los que llegaron noticias de la derrota comunera en Villalar y la ejecución de sus principales dirigentes.

En la puerta del palacio hubo aquel día enfrentamientos armados que ningún regidor ahorcado, ni alguacil desaparecido, ni caballero escondido podía sofocar. Las calles estaban llenas de piedras y ladrillos, ventanas rotas que delataban una casa saqueada y manchones de sangre por las paredes y el suelo. Abrió solemnemente la puerta, ensilló la montura e hizo una seña a sus hombres para que le escoltasen.

-Tal vez hoy tengamos que desempolvar las armas.

La ciudad arrastraba tal reguero de rencores que cualquier chispa podía derivar en incendio. Y la chispa prendió a la llegada del cadáver decapitado de don Juan Bravo. En tiempos de paz fue un caballero que tuvo el acierto de casarse con María, nieta de don Fernando Núñez Coronel, antes Abraham Seneor. Se decía que fue tan querido por la reina Isabel que solo faltó coserle un prepucio nuevo como regalo de su bautismo forzoso. Las dotes naturales de Bravo y el dinero del suegro dirigieron la revolución y gobernaron una ciudad asediada desde fuera por tropas imperiales y, desde dentro, por la soldadesca del alcázar.

Don Rodrigo se proponía llegar a la ciudadela donde se asentaban el alcázar, el palacio episcopal, la catedral y unas casas adosadas. Le convenía que nadie supiera que él en persona había llevado el cadáver de Juan Bravo hasta Muñoveros para enterrarlo. Montado en su caballo, contemplaba la plaza lindera al Barrio Nuevo, donde se alzaba aún a duras penas la iglesia de San Miguel. Hacía algún tiempo que no se celebraba el mercado; lo único que les sobraba a los hortelanos era hambre y eso ni se vende ni se compra.

De la plaza de San Miguel bajó a la Claustra, el barrio de los codiciosos canónigos, siempre prestos a disputar cada rincón próximo a la catedral. La canonjía comenzaba en la puerta de San Andrés, pero se había roto su aislamiento y el gentío cruzaba libremente por debajo del arco. Los escoltas acercaron sus caballos para despejar el paso; uno contenía a la multitud, el otro volvió hasta el rincón donde esperaba don Rodrigo.

-Señor, han arrancado las puertas. La Claustra ha quedado franca para todo el mundo y algunos asaltan las casas vacías. Hay una reyerta en la parte baja entre dos grupos de saqueadores que se a tablonazos con las puertas arrancadas.

El hueco que dejaba el arco ofrecía una extraña imagen, como si la ciudad fuera un camino libre para recorrer intramuros desde el acueducto hasta el alcázar. Tres puertas habían custodiado durante siglos el barrio. Las tres habían sido arrancadas y la gente se amontonaba sin orden. Don Rodrigo hizo un gesto y los escoltas echaron mano a la espada. La mayoría de los palacetes de la Claustra conservaban aún el portón con el candado echado; tal vez se ocultaba allí algún fugitivo, tal vez el canónigo de turno había huido a algún pueblo seguro.

Al paso del comendador, los saqueadores se apartaban de mala gana. Don Rodrigo reconoció en el grupo a algunos soldados imperiales y gritó espada en mano:

-¿No deberíais estar protegiendo la ciudad en vez de arrasarla?

Los soldados salieron corriendo en dirección contraria. Tentado estuvo de seguirlos, pero prefirió cumplir su propósito inicial. El lamentable estado en que había quedado la iglesia mayor de Santa María, arrasada por los artilleros del Alcázar, favorecía sus planes. Nada une a una ciudad como la construcción de una iglesia enorme de la que presumir. Lo habían deslumbrado las de Sevilla y Toledo, y sabía que proyectaban obras en Granada y Córdoba, para hacer olvidar las mezquitas. Pero ahora los comuneros habían sustituido a los moros, y qué mejor que una iglesia mayor grandiosa para zurcir una ciudad rasgada.

Los imperiales no tuvieron miramientos cuando los comuneros se refugiaron en el templo. No hay mal que por bien no venga, la vieja Santa María siempre le pareció poco vistosa. No era mucho más grande que San Millán de los Caballeros y apenas podía verse desde lejos. Para hacer de Segovia la ciudad que soñaba, debía tener el templo más grande y hermoso, en el lugar más alto de la ciudad y con la torre más alta de toda Castilla.

Entró en la ciudadela cruzando el arco hueco, al final de la Claustra. El caserío se veía arrasado, la catedral estaba rodeada de un cementerio de cascotes y paredes que milagrosamente aún seguían en pie. Don Rodrigo intentaba en vano distinguir entre el polvo alguna cara conocida. Los soldados, tras el largo encierro en el alcázar, habían decidido tomarse la revancha y abandonaban el castillo convertidos en hordas de salvajes decididos a destruir lo que se pusiera por delante.

Don Rodrigo tenía amigos entre los comuneros, a pesar de su simpatía por el emperador. Por motivos prácticos y de conciencia deseaba evitar que la barbarie de los realistas convirtiera el barrio de los canónigos y la antigua judería en una colina de cascotes.

-El arma del verdugo en Villalar no solo dejó sin cabeza a Juan Bravo, sino a todas sus gentes de Segovia –se dijo, mirando con amargura la torre desde donde partieron los proyectiles-. Son malas las guerras… Solo hay algo tan terrible como ser derrotado y es vencer cuando no sabes contener tu crueldad.

El Barrio Nuevo había sido hasta medio siglo antes la bulliciosa aljama hebrea. Ahora contenía una masa informe para quien raptar mujeres, destruir muebles y robar joyas parecía una tarea cotidiana. La suciedad, el humo y las piedras se adueñaban del barrio y había sido desterrada la compasión a la par que el enemigo. Grupos de hombres envenenados por la violencia recorrían la antigua judería, sin que fuera fácil saber a quién habían apoyado durante la guerra, si es que apoyaron a alguien.

Todos fingían llevar a cabo la justa ira de los vencedores y profanaban las fachadas picando los blasones de los comuneros para humillar a su familia. A cada escudo decían que fue comunero o judío o, seguramente, ambas cosas. Un hombre con cara de odio acechaba la casa de don Diego Fernández Laguna, el médico, amenazando a una niña de unos diez años con una espada.

-Si tocas a esa niña, o esa puerta, o una sola piedra, la guerra de las comunidades tendrá que añadir un muerto más a la lista –dijo don Rodrigo, que lo vio desde lejos.

El malencarado huyó lanzando maldiciones. En medio de la polvareda, la niña cojeó. Aun hecho jirones, el vestido que la cubría delataba cierta calidad.

-¿Por qué estás sola?

-Mi casa estaba frente a la catedral y se hundió la pared. Mi madre falta desde antes de ayer. Busco a mi amigo Andrés, el hijo de don Diego. Sus padres son buenos.

La miró detenidamente. Era urgente ponerla a salvo y darle de comer. Estaba sola.

-¿Sabes que siempre quise tener una hija que tuviera exactamente la misma cara que tienes tú? Seguro que no has comido -la niña negó con la cabeza.- ¿Cómo te llamas? –La niña no contestó.- ¿Te parece bien si te llamo Juana? Es nombre de reinas, siempre quise tener una hija que tuviera nombre de reina. –La niña sonrió- ¿Quieres subir conmigo en el caballo?

La niña asintió con la cabeza. Don Rodrigo, sin descabalgar, la alzó y la colocó ante su pecho, sujetándola con una mano. No necesitaba preguntar más. Hizo un gesto a los escoltas.

-Sujétate con fuerza, Juana. Verás que montar a caballo no es difícil.

domingo, 24 de mayo de 2020

LOS HÉROES TAMBIÉN PUEDEN CANSARSE


LOS HÉROES TAMBIÉN PUEDEN CANSARSE


JUBILACIÓN DEL MINOTAURO SEXAGENARIO

Todo laberinto esconde en sus tripas
un Minotauro aburrido que busca
sueños nunca soñados,
cazadores de cucos de reloj,
cántaros rotos por lecheras tristes
y algún escenario de cartón piedra.

Todo laberinto esconde en un rincón oculto
banderas que ya a nadie representan,
dolores que dejaron de doler,
manjares olvidados en el congelador
y un corazón que una vez se quebró
y, en mala o buena hora, fue cambiado.

Lo que se echa en falta en los laberintos
son cajas de herramientas y libros de instrucciones.
Con todo, no hay mal que por bien no venga:
¿de qué sirve saber antes de tiempo
que también es mortal el Minotauro?

Mejor será dejarlo libre ahora,
echar la llave de una vez por todas
y marcharse sin hacer aspavientos.








ERRANTE COMO ULISES

                                    A Bahia, poeta enorme, cantor del Sahara traicionado.
               
Aunque se habite en una casa opulenta pero lejana, en país extraño, no hay cosa más dulce que la patria. (Odisea, Canto IX)

No te vayas. En homenaje a Munina — Generación de la Amistad ...
No todos los desiertos se ajustan a la norma
Y no hay ningún manual para salir airoso
Cuando uno es arrojado sin previo aviso
Y el destino final es la noche profunda.

No es bueno recorrer el desierto descalzo,
Solamente al amparo de la arena y el viento.
Hay quien tiene esperanzas de encontrar un oasis,
Compañeros de ruta visionarios, felices.

No podré saber nunca si existía un camino,
Una estrella fugaz, una señal piadosa,
O, al menos, el reflejo de una luz intuida,
Una brújula mágica, un remoto refugio.

No siempre es deseable negar la soledad,
Una vez y otra vez nos despierta la vida
Y, aunque ya no nos duelan, sentir las cicatrices
Del recuerdo que deja conocer los infiernos.

Y es tan dura la noche como breve es el día,
Dormir para volver al punto de partida.
Recubierto de herrumbre, errante como Ulises,
Solo pido un rincón y una noche discreta.


lunes, 9 de marzo de 2020

HALCÓN CIEGO


       
LAS RUINAS DE PALMIRA 

Foto del 2014 de la ciudad de Palmira
Yo volé sobre el campo de batalla,
era un halcón posado en un otero
sobre un risco deforme, bajo el cielo
rojizo de la tarde. La espadaña

me ofreció un nido, oculto en su campana
herrumbrosa  y retumba aún su cuello
negruzco, como la sombra de un cuervo.
Vi que el pudor ocultaba sus lágrimas,

los vi estrellarse contra las alambradas,
los niños desnudos bajo el mortero,
las mujeres veladas en infiernos
de cuerpos dolientes, las amenazas

que derriban puertas, las llamaradas
del guardián de la esperanza, y el fuego…
Nada puede cazar un halcón ciego,
ya renuncié a mi cuerpo y a mi alma.



Resultado de imagen de AVE HERIDA 


MORTALIDAD DEL ÁNGEL

Todo empieza como empieza un sueño,
Un nido donde yace acurrucado
Cubierto de plumón el niño pájaro:
Las canicas por el suelo aún ruedan
Y, en rodillas y manos,
Los caminos del barro,
Los cromos repetidos y el invierno
De la tarde encendida -protegidas
Las manos- por la estufa de butano.

Más tarde, calle abajo,
Se ocultaban las botas militares
Tras la túnica de los Reyes Magos.
Quedan jirones, platos
Resultado de imagen de angel cansadoRotos, algunos añicos de espejo,
Ángeles custodios del baby-boom,
Ese impensado optimismo del tiempo.

Nada que objetar, te curten los años:
No toda escalera llega hasta el cielo.
Y es que vivir atrapa,
Sueños y cansancio
De pantalones cortos, magulladas
Las rodillas y el camino en el barro
Donde un ángel abandonó las alas,
Feliz de ser mortal y estar cansado.


martes, 16 de abril de 2019

El policía del cielo y el cronista de las estrellas



El cronista de las estrellas y el policía del cielo. 
                    (A mi hijo Dani)



   Ben Clark es un regalo que me hizo mi hijo Daniel. Se conocieron cuando ambos estudiaban en Salamanca; un concierto de Paul McCartney unió al geólogo con el filólogo. Mantuvieron el contacto y, desde entonces, he coincidido con este joven escritor en algunos eventos. Simpaticé con él, algo inevitable para cualquiera que lo conozca. Resultó ser un extraordinario poeta a quien invité a realizar alguna conferencia en mi Instituto y alojé en una ocasión en mi casa. Durmió en la cama vacía de Daniel, quien, por entonces, trabajaba en Japón.

       El libro de Ben "La policía celeste" ganó el premio Loewe. Uno de sus hermosos poemas habla de su padre, un inglés que se instaló en Ibiza para trabajar como ceramista. Mientras me contaba su historia sentí un vínculo especial con este hombre desconocido; cosas de padres con hijos ausentes, tan extrañamente parecidos: uno buscando las palabras en el cielo; otro, en los abismos  planetarios.




No intentes protagonizar el cuento...
Es difícil topar dentro de ti
con una historia nueva:
Cuando sumas las décadas por años,
pesan igual proyectos y recuerdos
y no solo la vista está cansada.

Sin embargo, descubres un buen día
que una línea imposible te une a un hombre
a quien, piensas, no conocerás nunca.
Y es recíproca la doble ignorancia;
a fin de cuentas, no hay nada en ti
que pueda interesar a un ceramista
inglés que cambió de isla hace mucho tiempo
y puso un horno en el Mediterráneo...

Quién iba a decir que coincidiríamos
en tener sendos hijos el mismo año;
uno nació poeta, otro geólogo,
pero ambos desean intensamente
sobrevolar cielos, mares, abismos
y describir con distintos enfoques
el origen de los fuegos ocultos...
Siempre serán insolentemente jóvenes.

Imagino al poeta
dedicando sus versos
al recuerdo del padre ceramista
a la vez que vigila las estrellas.
Y pienso en mi hijo ausente, el geólogo,
buscando en las entrañas de la tierra
la herencia de una constelación rota,
la memoria de un padre y su nostalgia.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Anticoplas

                      ANTICOPLAS

                                                          Recuerde el alma dormida,
                                                             Avive el seso y despierte.
                                                                                 (Jorge Manrique)

Resultado de imagen de jorge manriqueDirás después que no era para tanto,
que duele más la vida que la muerte,
que hiciste lo posible por dolerte
por ti y por los demás. Ya te adelanto

que no es cierto, que alguna vez el manto
que te cubre -y eso si tienes suerte-
será un colgajo inútil, tan inerte
que no recordarás dónde y cuándo

te vendiste sin más. Hace algún año
te vengo observando. Quebró tu piel,
menguaste el chispazo del pensamiento

y la luz ilumina el desengaño.
Como la imagen de un oso en la miel,
yo soy tu muerte. Y espero el momento.

domingo, 4 de junio de 2017

Antonio Machado llega a Francia

ANTONIO MACHADO LLEGA A FRANCIA


EL viejo y cansado,
que a orillas del mar
bebiose sorbo a sorbo su pasado.
(J.M. Serrat)







Bonjour messieures:… Oh, no miren mi gesto,
Bien sé que no muestra la sonrisa obligada
Del huésped agradecido.
Disculpen mi torpe aliño indumentario.
Nunca fui un dandi, pero esto de ahora
Más parece la costra leprosa del santo Job
Que la gabardina de un poeta venido a menos.

Imaginez vous… Cuál no será mi tristeza:
A nadie le gusta la derrota. Y menos a mí,
Pues ni siquiera me habría satisfecho la victoria.
Ya saben que los españoles somos campeones
En darnos de garrotazos y anegar el futuro.

Et… voila… Verán que una sombra me sigue.
No le cierren la puerta, s´il vous plait,
Es el espectro de la libertad torturada,
Compite conmigo, en doble agonía, por ver
Quién llega antes a la muerte.

Merci… Baudelaire, Verlaine y Rimbaud, 
Queridos poetas, malgastando la vida 
En busca del infierno. Así que pasen cinco años, 
Otro ilustre gabacho –con perdón- 
Os dirá que el infierno son los otros.

Mas el infierno son los ojos miopes del hombre
Que cruzó la frontera con su madre moribunda,
El infierno es la patria arrasada y las cadenas
De un alma que nació enferma de infantil esperanza.



lunes, 19 de septiembre de 2016

TODOS LOS EXILIOS EL EXILIO

Las últimas imágenes pavorosas de los exiliados arrastrados entre la ignominia y el deshonor ajeno solo hacen pesar que ese sueño de que "mi patria es la humanidad" se quiebra cada día.

La insolidaridad es el auténtico pecado original humano. El racismo es la culminación de todas las deudas sin saldar desde nuestros ancestros. Todos los exiliados son el mismo exiliado con distinta cara.

Hace tiempo escribí un poema en una celebración del éxodo de judíos españoles en el XIV. En recuerdo de todos. Con la nostalgia de la inocencia perdida. Las nuevas caras, sean ya de la religión que sean, del siglo que sean.., no hacen sino resucitarlos. El cuadro es de Chagal, tan hermoso y misterioso como toda su obra.


CORAZÓN EXILIADO
A los muertos  y heridos de la Intifada, a los kurdos, a todos aquellos que luchan contra la opresión en cualquier parte del mundo, y que se levantan no sólo para ser tenidos en cuenta, sino para ser fusilados. 


(Patricia Highsmith, dedicatoria de su libro Ripley en peligro)














No todos los cuentos tienen
Ingenuo final feliz.
Quizá podamos decir
Algo así como:
“Una vez
Hubo un próspero reino
Cuya reina erais vos”...

Allí brilló una ciudad,
En ella hubo una aljama
De laberínticas calles.
Allí nacían, amaban
Y morían vuestras gentes
Aun antes de nacer yo.
Cobijado en sus paredes,
Mi cuerpo fue la morada
Que habitó mi corazón.

Y en mi corazón latían
En una rueda infinita
Vuestro reino, mi ciudad,
La aljama, la morada
mi cuerpo, mi…
                           ¿Qué ganáis
Expulsando un corazón
Donde vos misma habitáis?
¿Y qué sirenas cantaron
Impuras, hasta clavarnos
Las garras de Sefarad?